Historia

El Valle Baņado por el Rio de Plata

Posted on June 8, 2014 at 11:40 AM

En 1982 la Tipografía Nacional editó el libro El Valle Bañado por el Río de Plata, escrito por el sacerdote norteamericano Ricardo Terga. En dicha publicación el autor nos comparte un interesante retrato de las principales características de los pobladores de Gualán.


En su libro Ricardo Terga nos muestra la ruta que los europeos tomaban para llegar hasta la capital de Guatemala. Arribaban en grandes embarcaciones a puerto hondureño, luego entraban a la Bahía de Amatique, navegando por el Rio Dulce hasta llegar a Mariscos. De acá a pie hasta El Encuentro, a la orilla del Rio Motagua y por último llegaban a Gualán en pequeñas embarcaciones y de allí hasta Guatemala ratos a pie, ratos a caballo. El viaje de Gualán a Guatemala duraba una semana.




Terga menciona que, a diferencia de los habitantes de pueblos indígenas que llevan sus cargas sobre la espalda con el amarrado de correa sobre la frente al cual llaman mecapal, el campesino de Gualán lleva sus cargas sobre el hombro, de acuerdo a la tradición dejada por los españoles. El arado de madera y el trapiche son aún muestras de la herencia española en la población.


Entre las principales características temperamentales de sus habitantes Terga menciona: el tipo de familia es patriarcal, los abuelos juegan un papel muy importante en la vida familiar; pueden ser fieles hasta la muerte en una verdadera amistad; son dados a la burla, amantes del chiste y de las anécdotas; a veces aparentan lo que no son; adictos al teatro, a discursos floridos, amantes de las tertulias, así como orgullosos, exagerado amor propio, individualistas, partidistas por naturaleza, a veces muy rígidos en su postura y en otras circunstancias muy tolerantes y abiertos. No muy tenaces, hospitalarios, capaces de adaptarse a diversas circunstancias y presentan dureza frente al enemigo, son rencorosos, Las personas son limpias y el hogar aseado.



 

De acuerdo al estudio etnohistórico de Ricardo Terga, entre los apellidos que constituyen herencia de los españoles que conquistaron estas tierras y que aún permanecen entre sus pobladores están: Aguilar, Aldana, Archila, Arias, Arriaza, Barrientos, Cabrera, Cardona, Carranza, Casasola, Castañeda, Colindres, Cordón, Cortés, Chacón, Chávez, Díaz, Duarte, Mejía, Estrada, Fajardo, Franco, Gálvez, Galdámez, García, Gómez, González, Guerra, Guzmán, Herrera, Jiménez, Juárez, León, López, Madrid, Marín, Mayorga, Méndez, Monroy, Morales, Muñoz, Navarro, Oliva, Orellana, Paiz, Palencia, Paz, Pazos, Peralta, Pineda, Pinto, Portillo, Ramírez, Rodríguez, Ruiz, Salguero, Sánchez, Sandoval, Santisteban, Sosa, Suárez, Tobar, Trujillo, Vargas, Vásquez y otros.


El estudioso norteamericano menciona igualmente la pasión del gualanteco por los juegos de azar, barajas, el rodeo, el jaripeo de caballos y bestias, uso del aparejo, la carreta, los bueyes, el sombrero flamante, las botas ostentosas, el cargar agua no solo en la cabeza sino también en la cintura, el uso de la madrileña, el baile rítmico del “chorizo” (en el que una persona bailaba en el centro mientras otras danzaban alrededor, como en rueda), la honradez, la cabalidad caballerosa de la palabra, a los tratos sociales y negocios a base del pundonor de la palabra y no por una firma en un testamento escrito, la gran hospitalidad, sinceridad, pero dureza implacable hacia una traición y la propensidad al desquite rencoroso, el horno de pan, el antiguo gusto de comer pan en varias formas de hechura.




Hay un gran respeto a la religión, siendo sin embargo una cuestión más de mujeres que de hombres; el juego de gallos, la rígida educación de respeto que se brinda a los hijos, la esgrima, crianza de vacas y marranos. Todo esto y más, ilustra una presencia hispánica que perdura en el ambiente y cultura general de la población.



 

Adicionalmente a la descripción que el sacerdote Terga hace en su libro, los oriundos de la población tienen costumbres alimenticias que en alguna medida les diferencian del resto de hermanos guatemaltecos. En las fiestas de fin de año, además de los tamales, uvas y manzanas, se elaboran los tradicionales molletes, pan forrado con huevo que luego se cocina en dulce para que adquiera el sabor inigualable que le caracteriza. La yuca con chicharrón es otro de los bocadillos deliciosos al igual que el ayote cocinado en dulce de panela. Las frutas frecuente-mente consumidas por los pobladores son: mango, jocote, naranja, lima, papaya, caña, sandía, chico, zapote, melón, etc.


En cuanto a las costumbre fúnebres para enterrar a sus difuntos, en el sepelio es común observar una diversidad de colores en el vestido de los asistentes, apenas algunos familiares visten de luto. Entre tanto caminan hacia el cementerio, se platican de diversos temas, aunque a veces se recuerdan algunas vivencias compartidas con el ahora difunto. Debido al hamaqueo que producían las personas al cruzar el puente colgante que comunicaba a la población con el cementerio, era necesario pasarlo en dos o tres tandas. El sepelio se despide cuando el albañil ha colocado el último de los ladrillos que sellan la bóveda. El velorio que se efectúa en la casa del difunto constituye una buena oportunidad para escuchar chistes nuevos y anécdotas poco conocidas. Los jugadores de naipe son los únicos que acompañan a los deudos hasta el amanecer. Si el muerto era católico se le reza durante nueve días, si era evangélico se realiza un solo culto la noche del velorio.



 

El oriundo de Gualán es extrovertido. Entre tanto los viajeros del occidente del país recorren silenciosos sus caminos, en los buses de Gualán se platica bulliciosamente, incluso las personas se comunican entre sillones distantes, poniéndose de acuerdo hasta en algunos negocios.


El color variado en los ojos de hombres y mujeres, la piel blanca y el cabello claro de sus habitantes, evidencia el encuentro genético que los europeos propiciaron en algún momento de la historia del poblado. Ciertamente el originario de Gualán es diferente, pero al igual que el resto de guatemaltecos, se siente altamente orgulloso de compartir con el resto de coterráneos, el derroche de belleza y la abundancia de paisajes que el Creador dispuso para este rinconcito de América.




Así es Gualán, así es su gente y el sacerdote Ricardo Terga, con palabras fieles como la mejor cámara fotográfica, nos ha dejado material para continuar analizando a los oriundos de esta región oriental de Guatemala. (Agradecimiento especial a Moisés Paz, por haberme enviado el libro y tener la oportunidad de releerlo. Bayron Leiva Archila. Uaxinlan.com)

 


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